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Columna de Ana Josefa Silva: Y nos portamos mal

por:  Ana Josefa Silva, La Segunda
jueves, 24 de febrero de 2011
Calle 13

Calle 13: "El momento de éxtasis lo provocó con la diablada (auténtica, no de ballet) que se desplegó sobre el escenario... Una imagen gloriosa e inolvidable"


Foto Alejandro Balart, La Segunda

N ada se compara, y nada —estoy segura—, volverá a ser  igual en la Quinta Vergara tras el paso de Calle 13 por este festival,  el número más trascendente, en muchos años, del evento, un espectáculo con sangre, sudor y alma, que no se estructura con moldes ni está en los sitios web con un track list establecido. Porque lo que hacen Residente y Visitante con sus músicos es pura sensibilidad y comunión con el público local, y sí, con el pueblo local, aunque suene a demagogia. René Pérez y Eduardo Cabra no llegan a un lugar para ir a encerrarse en la suite presidencial de un hotel con vista al mar, ni se escapan de sus fans como de la peste (nosotros acá arriba, ustedes allá abajo), ni piden camarines con toallas blancas, velas rojas o jugos de frutas para que su product manager cobre luego el cheque.  

 

Y sus seguidores lo saben. Cómo no. Si Residente ha pedido vía Twitter que alguien lo pasee por el sur o ha partido al valle del Elqui con “hippies con jeep pagado por papá” (como él mismo relató) o, por supuesto, se larga a carretear en seri o por Valparaíso. Y hace suyos los lugares por los que transita, sabe por qué protestan los que piensan como él y por dónde está el verdadero arte musical joven (no importa la edad; lo saben Horacio Durán, Horacio Salinas, José Seves y Camilo Donoso).

 

A nadie se le atenuó la energía en esa rugiente Quinta cuando Calle 13 recién pudo aparecer por el escenario a las 2.20 de esta madrugada y con toda la fuerza de su percusión, teclados, trompetas, voces, sonando en una mezcla y una fusión que nadie hace, puso esas monjas en el escenario, y luego lanzaron “El baile de los pobres”, “No hay nadie como tú” (grandioso) y al grito de “somos indisciplinados” pusieron a la Quinta a cantar su himno, “Vamos a portarnos mal” (“a cometer delitos...” “...la autoridad no puede con nosotros”), ya con Chancho en Piedra en el escenario y luego con Camila Moreno y los Inti históricos. Con “Ven y critícame” vino la mordida a los programas faranduleros “que son basura” y a separar aguas: “¡a ver si entienden que esto no es cabrón reggaeton, es música!”.

 

Lo que más le importaba era mostrar “Latinoamérica” (“un pueblo sin piernas pero que camina”).

 

Pero el momento de éxtasis lo provocó con la diablada (auténtica, no de ballet) que se desplegó sobre el escenario y se sumó a la música de los portorriqueños como si fueran un mismo espectáculo siempre. Una imagen gloriosa e inolvidable.

 

Luego aquello de “menea las ideas, por Dios menea lo que sea” (“Todo se mueve”), “La bala”, “Se vale todo” y ¡por supuesto! “Calma pueblo”. Faltaban 10 para las 4 de esta madrugada, el público le había cantado cumpleaños feliz a René, habían recibido una antorcha, y no más, porque pidieron a los animadores que no volvieran a interrumpirlos...

 

 Es cierto que Calle 13 cumple a cabalidad el decálogo contestatario del siglo XXI: ecología, pueblos originarios, minorías...., como alguna vez lo hicieran Bob Dylan, Joan Báez, Janis Joplin y un largo etcétera, por allá por los ’60, y como lo hicieron algunos de sus inspiradores, sin ir más lejos, Inti Illimani. Porque aunque el lema de Calle 13 dice “que entren los que quieran”, finalmente se trata de un  discurso más sectario que inclusivo, y su trabajo es más disciplinado que indisciplinado. Tanto que para ellos el mundo se divide en dos (como el vanidoso de “El Principito”), nosotros y ellos (que vendrían a ser todos los que no piensan ni opinan como nosotros). A saber, en este caso, la gobernadora de Arkansas, Hidroaysén (auspiciador del Festival), los premios en general, la farándula, mientras defendemos a todo evento a minorías varias... Nada sobre Libia, en todo caso (al menos anoche), ni de los últimos detenidos en Cuba.

 

Pero es esa actitud rotunda lo que los convierte en sólidos, verdaderos y sobre todo convocantes.

 

Curiosa jornada la que terminó esta madrugada... Noche de predicadores. Porque por mucho que le dé urticaria la comparación, René (Residente) es tan predicador como Marco Antonio Solís. Sus discursos son distintos (¡y muy distintos!). El de Solís es simple como un anillo, tan elemental como que el amor es energía. Pero ambos conciben el escenario como un púlpito y eso sí, Calle  13, el arte con compromiso.

 

Lo mejor de Viña en muchísimos  años.


 
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