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20% de las mujeres tienen posibilidades de caer en alguna adicción pasados los 30 años

Psicólogo explica que en esta etapa de la vida ocurre que se replantean muchas cosas.

por:  La Segunda Online
martes, 26 de agosto de 2014
mujer

Foto Agencia

Para lograr diagnosticar y tratar efectivamente una adicción en la mujer es necesario analizar profundamente tanto las causas que originan el consumo como los problemas personales, familiares y sociales que está trayendo éste.

Cada siete años se produce en la vida de todo ser humano y particularmente en la mujer un reordenamiento que incluye al organismo en su conjunto, es decir, cambios significativos en los aspectos psicológico, afectivo y físico. En este sentido, por ejemplo, los  28, 29 y 30 años son considerados como etapas críticas, donde se produce un replantearse la vida en todo orden de cosas. Lo mismo ocurre a los 40 ó 41 años. Generalmente se activan procesos que marcan un “antes” y un “después” en la vida, explica el psicólogo, Rodrigo Durán.

Por lo tanto, no es poco habitual que al inicio o durante estas etapas las conductas asociadas al consumo de algún tipo de sustancia se torne problemática. Esto se aprecia claramente en el caso de la mujer. Entre algunas de las motivaciones que más expresan aquellas que hoy presentan un consumo problemático o de dependencia con el alcohol u otras sustancias (tranquilizantes, pastillas, anfetaminas, marihuana y/o cocaína: las más frecuentes), se cuentan: amortiguar y anestesiar el malestar, dolor, la pena o soledad frente a una vida que se ha vuelto carente de sentido; la impotencia frente a una relación de pareja que se ha hecho ingobernable; desconectarse, castigar a su pareja y la frustración por no tener la vida que proyectaron en algún momento. Por supuesto todo esto se da muchas veces de manera totalmente inconsciente en ella.

 El profesional explica que en las adicciones femeninas (si bien todavía  son menos que en el género  masculino,  van en peligroso aumento) el componente emocional-afectivo es clave para entender las causas más importantes del problema, afectando tanto a las que son dueñas de casa como a las que están laboralmente activas y a quienes cumplen ambos roles.

Por ejemplo, una mujer que ha hecho de su vida la crianza de los hijos y el cuidado de la casa suele empezar el consumo de manera tardía -después de los 30 años- , como algo casi anecdótico, pero que por su frustración, soledad y rabia, encuentra en el objeto de adicción una especie de  “compañero” que no le exige ni pide nada. Este consumo generalmente oculta sentimientos de mucha frustración y rabia.

En tanto, la mujer involucrada en el mundo laboral, sujeta a todo tipo de situaciones y presiones, entra al mundo del consumo y la adicción por no contar con los recursos internos para lidiar con las exigencias propias del mundo laboral. Peor aún, en muchos casos, ellas suelen emparejarse con hombres consumidores, potenciando aún más la adicción.

Cuando pedir ayuda

Generalmente quienes se acercan a pedir ayuda, en el caso de la mujer, son los hijos o la pareja.

Para el psicólogo, el momento es cuando a pesar de los costos y conflictos asociados al consumo, ella sigue. Esto debe evidenciar que la persona, más allá de sus deseos de controlar el consumo, no es capaz de hacerlo. Mucha veces la familia oculta el consumo frente a los demás o hacen como si nada pasara, por vergüenza y culpa. Aquí es fundamental la consulta a un especialista, ya que mientras antes se ataque el problema, mejor es el pronóstico en términos de tratamiento. “Importante es destacar que en el caso de la mujer, dada su constitución física, el deterioro es mayor cuando  abusa o depende de algún tipo de sustancia como el alcohol”, agrega.

Otra cosa importante, “cuando la mujer quiere dejar el consumo,  porque secretamente hay una parte de ella que se da cuenta que algo anda mal, aparecen síntomas físicos y fundamentalmente psicológicos, que hacen le sea más difícil detenerse”, afirma el profesional. Y si además de la ansiedad y angustia, se hacen presentes dolores de cabeza, estómago, espasmos o calambres, entonces estamos ante un compromiso mayor del organismo frente a la adicción, llegando sí o sí el momento de buscar ayuda especializada.

Lo más importante para la familia en términos de pedir ayuda es romper con la dinámica de codependencia que se produce al interior de ella. Y básicamente esta dinámica consiste en que quienes viven con la persona dependiente no saben cómo establecer y poner límites, se quejan mucho pero hacen poco. Y sin quererlo, de alguna manera se hacen cómplices de problema, contribuyendo a su perpetuación en el tiempo

Y, agrega, como fundamental “que se trate de un profesional o grupo de profesionales especialistas en adicciones con experiencia comprobada en el trato directo y tratamiento de personas con problemas de adicción, porque no cualquier profesional está en condiciones de diagnosticar y tratar bien el problema, por lo tanto bastantes mujeres y sus familias pierden mucho tiempo y dinero y, las personas, van de un lado a otro recibiendo diagnósticos o tratamientos equivocados”.

“En mis casi 20 años de trabajo con mujeres y hombres con problemas de adicción, no he conocido a ninguna que se sane y recupere estando internada en un clínica y a nombre de la desintoxicación, llena de pastillas y fármacos. Para nosotros, en Dharma, la adicción es la manifestación de un conflicto más profundo en la persona y siempre su base es afectiva relacional. Por lo tanto un buen tratamiento se debe orientar, a través de un tipo particular de relación, a la identificación y resolución de ese conflicto interno”.

La tendencia respecto a modelos que más éxito tienen en este sentido apunta al de “comunidad terapéutica”, especialmente ambulatorio, que permite a la persona una efectiva habilitación y rehabilitación para integrarse socioculturalmente. Dependiendo del grado o etapas por la que puede pasar el enfermo, y si es estrictamente necesario, ello puede combinarse en algún momento con una breve internación o “residencia”, pero los tratamientos deben ser integrales y orientados al desarrollo interno de la mujer.

Otros son  altamente conductuales y no resultan por ser demasiado periféricos. La persona se sobreadapta, pero no hace cambios significativos. Puede estar en tratamiento mucho tiempo, pero si no da con el entramado interno de su problema y lo resuelve, volverá a consumir, de ahí el fracaso.

“En Dharma hemos desarrollado un método de trabajo altamente especializado, personalizado e integral, en donde el diagnóstico es muy importante y a partir del cual se define el  tratamiento a seguir. En general los que ofrecen la mayoría de los centros para las adicciones, suelen ser bastante estandarizados. Sin embargo se necesita de que éstos sean  muy personalizados, con un enfoque de género definido y capaz de ayudar, en el caso de la mujer, a sobrellevar de una manera saludable el rol complejo y demandante que juega en la sociedad, y también las cargas y pesos con que tienen que lidiar social, emocional o familiarmente” informa.

A Tener en Cuenta

Rodrigo Durán explica que para lograr diagnosticar una adicción en la mujer es necesario analizar las causas, como también los problemas que le están trayendo el consumo y los conflictos que le van generando, por ejemplo: embriagarse o drogarse en un evento social, con un costo para los hijos o la pareja, sufrir un accidente o perder el conocimiento frente al consumo. Y, pese a todo ello, la mujer igual vuelve a consumir.

En la mujer dueña de casa se produce un aislamiento importante, una desconexión de sus redes sociales, un consumo secreto y oculto, la reiteración de episodios donde, por ejemplo, los hijos suelen encontrarla ebria y/o drogada al llegar del colegio.

En cambio, en el caso de la mujer que está inserta en el mundo del trabajo, se dan borracheras o consumo excesivo los fines de semana, dificultades para iniciar la jornada laboral, aumento de licencias médicas para, finalmente, hacerse evidente el problema en el plano social, pero de forma paralela a lo que vive en su vida familiar.

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